
La primera vez que mis hijos, como los dos saben ya mi número, salieron a las Fallas sin la pulsera con mi teléfono… y perdí a Noah. A la policía le contó cómo se llamaba, adónde íbamos y con quién; por lo visto, el detalle de que sabía mi número no le pareció importante. Así que, ¡mañana, pulsera!






